domingo, 1 de mayo de 2016

DE NUEVO AQUÍ

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Hola! Nuevamente en la enfermedad.

Hace mucho tiempo no escribía, desde el 7 de octubre de 2013. Han pasado casi 3 años y miles de experiencias maravillosas, las cuales agradezco a Dios, Quien me ha permitido los varios milagros que le pedí con todo mi corazón: Que mi corazón sanara, sentir diferente, para poder afrontar la vida y la muerte como El quisiera; luchar para poder de esta manera ganarme el Cielo, que es la consigna de todos los días, y sentir, cómo por medio del Amor, existe la sanación. He sido testigo y experimentador de cómo el Amor es el sentimiento que más sana en el mundo, trayendo entre otros resultados, la curación para un enfermo de cáncer de vías digestivas.

Como les digo, Dios me ha permitido sentir cómo el Amor ha cambiado mi vida y mi cuerpo.

En fin, han sido tantas experiencias maravillosas, que jamás pensé lograr llevar a cabo, pero El, solo Dios lo hace posible. Para El no hay nada imposible. Hace casi tres años escribía contándo cómo hacía lo que estuviera a mi alcance, por encontrar de alguna manera mi sanación y confiar en Dios fue la experiencia más importante que me dejó esta etapa de la vida, de manos directamente de La Virgen María y del mismo Dios.

Estos últimos años han sido tan maravillosos que incluso me llevaron a realizar el logro material, espiritual y personal más grande de toda mi Vida. Por encima de cualquier experiencia exitosa que hubiera tenido en mi vida laboral, tuve la fortuna de escribir un  libro, lo cual es la mayor meta alcanzada.

El libro está a punto de salir a la luz pública y estoy absolutamente feliz de poderlo compartir con el mundo; con ese mundo que tanto amo hoy en día de una manera diferente. El libro es un logro hecho con la ayuda de Dios, pues desde el fondo de mi corazón reconozco que no hubiera sido capaz nunca de llevar a cabo tal empresa, la de poner mis sentimientos en unas hojas, organizarlas y compartirlas. Hoy mirando para atrás, veo esto con demasiada alegría, ya que estoy totalmente seguro que no hubiera sido posible si no fuera porque fue una obra Suya; de eso no tengo la más mínima duda. Yo no hubiera sido capaz. Yo no tenía las facultades para hacerlo;  todo se debió a un proceso en el que Dios ha estado presente.

Dios ha hecho muchas cosas con mi vida y falta ver qué más cosas hará…

Sin embargo hoy me animo a retomar estos escritos, impulsado nuevamente por la mayor bendición que he recibido en mi vida: La Enfermedad…

Llevo una buena temporada liberado de los sufrimientos físicos, pero ahora han vuelto. Llevo un buen período disfrutando de la posibilidad de moverme y hacer infinidad de actividades, olvidándome del peso de los dolores, pero esta semana volvieron.

Hace mucho tiempo no sentía estas limitaciones y lo duras que son. Por una circunstancia especial, me tocó retomar la quimioterapia, después de haberle dado un pequeño descanso a mi cuerpo. Después de esta etapa, reinicié la toma de mi tratamiento y me ha golpeado muy duro. Más duro que nunca antes; lo que siempre suele pasar es que tomar el medicamento, trae varios efectos colaterales, que he tenido que aguantar, pero esta vez los siento más fuertes que nunca. Lo que siempre ha parecido algo menor, esta vez me agobia fuertemente el cuerpo. La droga siempre actúa sobre las células que tienen un crecimiento desordenado, en esta ocasión en el hígado, produciendo un dolor reflejo en los hombros. Siempre me ha afectado las extremidades, piernas y brazos. El reflejo en los hombros siempre se ha dado, en el izquierdo o en el derecho, indistintamente. En esta ocasión el dolor se posó sobre el izquierdo, pero con una intensidad que me ha hecho cancelar un viaje en el que me encontraba para devolverme corriendo a mi casa. Me tiene pasando por un momento de tanto dolor físico, que me ha tocado suspender mis actividades para quedarme quieto, tratando de manejar dicho dolor.

Llevo varios días sumido en el dolor, son más de una semana, y esta situación me cambia todos los planes. Mientras visitaba a mi hermano en otra ciudad, el dolor no me permitió disfrutar absolutamente de ninguna de las actividades que tenía planeadas. Me duele mucho! Este dolor penetra mis entrañas, para posarse en el hombro izquierdo de una forma tan contundente, que cada segundo y medio me pica un dolor, como si tuviera un cuchillo clavado en mi interior y al menor movimiento me hiciera daño. Nace desde el estómago y recorre el cuerpo para salir con mucha fuerza a través de la parte alta de mi brazo izquierdo y del pecho.

Me estoy aplicando fuertes dosis caseras de morfina, la cual, si le dejo tomar ventaja como me pasó en este caso, es más difícil de manejar. Sin embargo el temor y el fastidio que me producen las clínicas, las urgencias en la Fundación, me mantienen hasta el ultimo esfuerzo en mi casa, con el objetivo de sacarle el cuerpo a la cita en la clínica, a la cual, como muchas veces lo he dicho, le tengo un pánico total.

Sin embargo, rezando en la soledad de mis dolores, llegué a comprender una idea que estoy convencido es el gran regalo de Dios:

Por medio de estos dolores que no sentía hace mucho tiempo, solo puedo encontrar la cara hermosa y amorosa de Dios, de ese Dios que me Ama tanto.

Por medio de este dolor que nuevamente me impulsa a escribir, solo puedo encontrar que Dios me invita a recordar lo infinitamente pequeño que soy; lo débil que soy ante la magnanimidad de Su creación. Me recuerda con mucho Amor, que soy muy pequeño y vulnerable, y que solo en las manos de Dios puedo estar tranquilo y confiado. Que solo en El espero, que solo con El puedo afrontar cualquier dificultad en mi vida. Que es a Dios a quien me debo y a quien le entrego todo mi sufrimiento y que solo allí estaré bien. Me hacen comprender de nuevo que soy muy débil y que a Dios le entrego absolutamente y por siempre mi debilidad y mi incapacidad.

Siento que esta vez ha sido como un “recorderis”, para decirme “no te olvides lo pequeño que eres, lo débil e incapaz que eres, lo mucho que te duele todo y lo incapaz que eres!”. Y para eso está El, para descansar mis sufrimientos en El.

Gracias a Dios, porque por medio de este nuevo dolor, puedo encontrar la sencillez de mis miserias. Puedo apreciar la humildad de los días; puedo pedirle que cuide de mi y  que a El le entrego Todo, lo que soy y lo que siento, y que nunca nada puedo sin El!

Señor que sea esta la oportunidad de darte gracias por recordarme que soy una partícula importante de Tu creación y de tu Amor, pero que no soy nada sin Ti. Que no puedo nada sin Ti, que mi dolor me une a Ti y que si esta es mi Cruz, la cargaré con el Amor que pueda, pues es lo más grande que tengo para ofrecerte.

Gracias por recordarme que soy diminuto,  que no somos nada y que nunca quite mis ojos de Ti.


Esta es mi debilidad y mi enfermedad, o mejor mi bendición, que tanto me duele ahora…
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