lunes, 3 de junio de 2013

AHORA ME SIENTO MÁS TRANQUILO





Estoy viviendo como en un claustro en mi casa, debido a que la terapia que estoy haciendo me exige mucho tiempo para hacer jugos, preparar mi alimentación y otras cosas que más adelante les contaré; pero sé que es parte del sacrificio que debo hacer para recuperar mi salud. Sin embargo, me he sentido mucho más tranquilo.


Antes sufría de pensar cómo me iba a sentir el día de mañana, quería saber cómo iba a ser mi vida en unos cuantos días. Me preocupaba mucho la idea de tener que volver a entrar a la clínica, especialmente los fines de semana cuando siempre me volvían mis dolores y me tocaba salir corriendo a urgencias de la Santafé (clínica); me preocupaba mucho por saber cuánto más duraría mi vida. 

Tener siempre el límite de la vida en frente puede ser un buen motivador para vivir mejor, pero no lo era para mí por la angustia con la que yo lo estaba viviendo. Eso no era sano para mi recuperación y mucho menos sabiendo que toda la adrenalina, que se produce por el estrés, termina haciéndole mucho daño al hígado -mi órgano más comprometido en  éste momento-; así que sabía que el mismo estrés me era muy perjudicial. Era como caer en un círculo vicioso, de donde salir se volvía muy complicado. Sin embargo, esos son los sentimientos, simplemente sentimientos, y muchas veces no se logra luchar contra ellos.

Me ha costado mucho trabajo entender que se debe vivir desde el corazón y no desde la razón. Yo siempre fui una persona racional. Siempre confiaba en mi capacidad de manejar las situaciones y de poder hacerles frente; cualquier decisión que se atravesara en la vida, para mí era claro que con un poco de lucidez en la mente, buen coraje y mucho de buena suerte y conexión con mi propio Dios, el problema estaría resuelto. Parece la fórmula perfecta, pero ahora aprendí que la mente nos engaña y nos juega malas  pasadas, precisamente por su dualidad. Todo lo que yo creaba desde la mente estaba infectado por la posibilidad de ser o no ser. Ahora entiendo que debo poner mi atención y mis intenciones desde el corazón, precisamente porque comprendí que yo no manejo prácticamente nada cuando se trata de la necesidad de vivir, cuando se trata de esa parte proveniente de lo más perfecto, de lo más Divino…allí no hay lugar a pensar que uno puede manejar las cosas, entonces poco a poco me di cuenta de que debía vivir desde el corazón, deseando desde lo más profundo de mis creencias, solo allí donde todo es posible, y solo lo posible es lo que se desea con una necesidad absoluta. Comprender entonces que se está conectado con el Ser Superior y que formamos parte de algo más allá de lo físico, es importante para lograr sanarse.

Siempre he pedido por mi sanación física, pero también por la espiritual, para que mi corazón esté lleno de amor y alegría. Muchas veces se nos ha dicho que lo primero para sanar es perdonar. Y sí que es cierto! Un corazón sano puede sanar un hígado enfermo, un cáncer por dentro de nuestra piel o sobre ella. Un corazón en paz por lo menos nos va a permitir estar tranquilos para lo que siempre es inevitable que es la muerte, pero mientras tanto, nos permitirá afrontar con mayor optimismo las pruebas de la vida, que además no son pocas y que a todos se nos van a presentar. Así que aprendí a pedir y tratar de vivir desde el corazón.

En este momento como decía, me siento mucho más tranquilo, mucho más en paz. Mi madre me enseñó a ser muy paciente…cuando yo daba todo por perdido, ella me decía, con una calma que la verdad no sé de dónde le salía, que esperáramos, que tuviéramos paciencia y fe, y después de cuatro meses se logró lo que yo no creí, pero que ella parecía estar tan segura de esperar: que mi cuerpo se estabilizara.

Parecía como si la vida estuviera tratando de darme una lección más de largo plazo a ese preciso instante. Parecía que trataba de indicarme cómo debía seguir haciendo de aquí en adelante en mi vida: tener paciencia, esperar, saber en quien confiar, aceptando que las cosas no dependen de mí, sino que debo esperar y confiar posiblemente en lo más sagrado que tiene uno en la vida y es su conexión con el Universo y comulgar con él. Somos parte de “un todo” o “un algo”, más grande que nosotros mismos.

Los plazos de mi vida se han ampliado. Antes me era imposible pensar más allá de un solo día, en cambio ahora, hasta me han dado ganas de volver a trabajar. Me intereso por mi futuro, el cual antes parecía que lo tenía resuelto, ahora parece que no hay nada concreto; me preocupa mi sostenimiento; me preocupa mi desarrollo personal, profesional y sentimental. Tal vez ahora esté pensando más profundamente que cuando tenía mi salud al noventa por ciento, pero disfrutaba de un "buen vivir" todos lo días. Se pierde uno fácilmente en la banalidad cuando se tiene salud y se siente marchando a la velocidad del "lote", pero no es así!  Muchos nos equivocamos, y perdemos el rumbo. Ahora que estoy más tranquilo, puedo decir que seguramente, aunque estoy perdido en un bosque gigantesco sin saber por dónde está la salida, me siento más tranquilo porque por lo menos ya veo el sol, y respiro la fragancia de la naturaleza. Esa salida puede estar lejana y difícil de reconocer... Seguro me tocará caminar mucho para encontrarla.

Me siento más tranquilo, aunque me asusta la idea de permanecer tanto tiempo dentro de las cuatro paredes de mi casa. Sé que tengo que salir y que hay una vida allá afuera esperándome “si la Propia Vida así me lo permite”, y me da pena pensar que ésta misma vida que ha transcurrido hasta éste momento, me haya pasado sin hacer “nada”; pero finalmente comprendí que ya llegará el momento.... Por ahora estoy en el instante de sanarme y de dedicarle "la vida" a "mi vida", como ella me la dedicó a mi, y yo posiblemente la haya desperdiciado.  Cada cosa a su momento. 


Ahora trato de tomar el verdadero alimento de la vida…….

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