domingo, 16 de junio de 2013

LA TERAPIA GERSON


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Les quiero contar en qué consiste mi mayor herramienta de defensa en este momento contra el cáncer y lo que he descubierto después de tantos años de lucha contra esta enfermedad. Tratando de buscar erradicarlo de mi cuerpo, he abordado varias alternativas, y por esto, creo que tengo argumentos suficientes para decirles dónde  estoy encontrando mayores posibilidades reales de sanación.

Siempre estoy hablando del tema de la fe, pues para todo esto es fundamental creer en algo, como todo en la vida. Creer que algo que estas adoptando como propio y como tu mejor aliado, es la fórmula mágica para sentir que estas venciendo. En esto baso cualquier decisión que tomo sobre cómo afrontar la pelea.


Lo primero que utilicé fueron las cirugías, lo cual me proporcionó mejoría inmediata, pero después de los años mi mal ha sido recurrente, y por lo tanto tuve que volver a decidir sobre la forma de erradicar dicho mal de mi cuerpo. -A propósito doy mil gracias a todos los cirujanos que han intervenido mi cuerpo, especialmente al Doctor Fernando Arias-. Fue por esto que busqué ayuda en alternativas diferentes como la quimioterapia, reflexoterapia, el veneno del alacrán azul de la medicina cubana, la risoterapia, la terapia con ángeles, entre muchas otras, unas así de curiosas y otras no tanto. En fin, son muchas las alternativas que se presentan, algunas de ellas complementarias con las otras, y otras que no se permiten mezclar entre sí como la Gerson con la quimioterapia, precisamente por la toxicidad que ésta última le transfiere al cuerpo. Muchas personas de buena fe casi siempre, pero también algunas de mala fe, intentan ofrecernos alternativas en la vida, sabiendo que cuando uno se encuentra en este nivel de zozobra, es capaz de hacer lo que sea. Lamentablemente hay gente que se aprovecha de esto.

Finalmente , como les decía, después de varios ensayos, encontré en la Terapia Gerson, lo que más se acomodaba a mis creencias y a lo más sensato que yo pudiera entender. Siempre comprendí que mi enfermedad la había somatizado por situaciones vividas, tristezas, temores y dolores, más del alma que del físico, por lo tanto no podía entender que después de tantos años en los cuales se somete al cuerpo a dejámenes de este tipo emocional, y otros del tipo físico como alimentarlo mal y maltratarlo con malos hábitos, existiera la posibilidad de que una pastilla milagrosa me reversara dicho mal (quimioterapia), aunque seguro ayudó en algo, pero no me daba la solución definitiva. Fue entonces cuando comprendí, que el camino debía ser con sacrificio para poder recuperar el tiempo perdido. Y digo que sacrificado porque si realmente quieres someter a tu cuerpo a esta terapia, será a base de sacrificios muy fuertes, pues cambiar tus hábitos de la noche a la mañana, sí que representa un total sacrificio, únicamente realizable cuando sientes que el monstruo de la última noche se está acercando. -Ya les hablaré del valor que he encontrado en el sacrificio y como nos purifica el cuerpo y el alma-.

Es sencillo, pero a la vez bastante complicado. Sencillo porque es volver a alimentarse de lo básico, pero complicado porque se deben cambiar muchos de los hábitos diarios,  tales como dejar de comer en “la calle·”, dejar de comer lo que todo “el mundo” come, dejar la carne, de la cual muchos nos hemos vuelto dependientes; alejarnos de la toxicidad a la que nos someten, no solo los alimentos, sino también el entorno; mantenerse en la máxima calma posible, aprendiendo a estar en comunión con Dios y con la vida, y adicionalmente adoptar nuevas formas de vida como pueden ser la meditación, y la relajación entre otras. Me ha tocado hasta dejar de jugar golf, que era lo que más me estaba gozando en este momento de mi vida.

Esta es pues la Terapia Gerson, y espero no equivocarme en alguna aproximación que pretendo hacer, ya que no soy la autoridad para hablar del tema. Si cometo alguna  imprecisión al transmitirlo, pido a las personas que sepan sobre el tema me ayuden a aclararlo. Lo importante es poder transmitir lo que para mí ha sido, o ha representado el prolongar los días de mi vida con una buena condición física.

Es una terapia de choque contra el cáncer, pero también ayuda a combatir algunas enfermedades crónicas como por ejemplo las cardiovasculares, la hipertensión, diabetes, esclerosis múltiple, hepatitis, artritis, alergias, e incluso la depresión y la migraña, entre otras.

Nuestro cuerpo es una máquina perfecta, y me atrevo a asegurar que es “la más perfecta de todas las máquinas” si así la pudiéramos llamar. Está compuesta por un sabio mecanismo de defensa, que cuando advierte que hay un enemigo, inmediatamente activa todo su potencial para defenderse. Pero cometemos un error que prontamente el cuerpo nos lo cobra: lo sometemos a todo tipo de intoxicación, mediante hábitos alimenticios y desórdenes emocionales, que terminan restándole esa capacidad de protección y por consiguiente entregándose y postrándose ante lo que el enemigo quiera. Es tan importante esto, que lo que termina sucediendo es que acostumbramos a nuestro cuerpo a generarle una placidez a la enfermedad, y  convirtiéndose en  el mejor hotel para alojar las células mortales, las cuales se encuentran felices allí adentro y se alimentan a gusto. Lo que pretende la terapia, es dificultarles ese hábitat tan agradable que durante años les fuimos construyendo con una alimentación, en mi caso, a base de productos alterados genéticamente,  de productos procesados como la sal, el azúcar, productos intoxicados en recipientes dañinos como los enlatados, de productos contaminados en sus procesos productivos, de alimentos que van minando la funcionalidad de algunos órganos, y demás toxinas como alcohol y tabaco, o incluso el estrés, la rabia y la tristeza.

Resulta entonces que para poder volver mi cuerpo un templo de vida, dejé todo este tipo de alimentos, no volví a comer carnes, y ahora me alimento de comida orgánica, la cual no está infectada con insecticidas ni abonos químicos, que terminan entrando a mi sistema sanguíneo, ocasionándome mucho mal.

Mi dieta es exactamente la misma todos los días. Hay quienes le hacen algunas variaciones, pero en mi caso me ha resultado más fácil acostumbrarme a hacer siempre lo mismo. En todo caso no hay mucha variedad en cuanto a los productos, pero se pueden hacer diversas recetas,  el problema es que yo no soy un experto en la cocina.


Todos lo días desayuno una avena hervida, un jugo de naranja y fruta no muy dulce, en mi caso prefiero la papaya.

El almuerzo consiste en una sopa de verduras que se llama sopa de Hipócrates, la cual está hecha a base de apio, perejil, cebolla, ajo, tomates y papa, todo orgánico junto con agua destilada (es el único agua que puedo consumir). Esta sopa es un verdadero caldo de verduras, se hierve y no se le adiciona absolutamente nada más, ni sal ni especies, y aunque en un principio no sabe a nada, o mejor dicho sabe rarísimo, con el tiempo adquiere un sabor delicioso. Creo que las papilas gustativas se acostumbran a que no exista la sal, y se comienza a disfrutar el gusto real de cada alimento. A propósito, me he vuelto un catador increíble de productos naturales, ya reconozco el muy buen sabor de cada vegetal, y lo más curioso es que vine a descubrir esto a mis cuarenta años. Les confieso que es increíble el sabor que tienen los verdaderos alimentos, la tierra y lo natural.

El almuerzo se complementa con papas al horno y una ensalada de vegetales que puede ser lechuga, tomate, cebolla, zanahoria, junto con aceite de linaza, que es un fuerte desintoxicante; además una verdura caliente, la cual puede ser brócoli, coliflor, zanahoria, calabacín, entre otras. La cena es igual al almuerzo.

Hay muchos productos que son prohibidos, pero no se trata aquí de dar las instrucciones porque son muy largas, sino de dar una pequeña aproximación. Vuelvo y repito, las instrucciones las debe dar alguien que sepa perfectamente del tema, que  haya estudiado y que esté capacitado para orientar a los demás, que en este caso no soy precisamente yo. Además, la terapia no solo consiste en estas indicaciones, sino también nos advierte lo que NO se debe hacer, y nos guía en la ingesta o toma de suplementos naturales.

Durante el día complemento la terapia con jugos que son extractos de frutas y verduras, los cuales bebo aproximadamente cada hora y media, algunas veces, encima de las comidas y otras antes de ellas. Me tomo cuatro jugos de verduras y tres de zanahoria con manzana. Una vez preparados, debo consumirlos de inmediato pues son productos que se oxidan rápidamente.

Adicionalmente se deben realizar lavados o enemas, que ayudan no solo a limpiar el cuerpo, sino que eliminan toxinas, y permiten que el hígado funcione de una manera más eficiente, obrando como el filtro de nuestro cuerpo, como maravillosamente lo es.

Para mi la Terapia Gerson, es volver a utilizar los recursos que Dios nos dio y no los que el hombre se ha inventado, con el ánimo de acelerar el proceso productivo de los alimentos y llenar sus bolsillos, sin interesarle la salud del ser humano. Es volver a comulgar con lo natural, es alimentarse de la naturaleza, y alejarse de lo malsano, como es la “comida chatarra” y las frituras. Es volver a escuchar a nuestro cuerpo, y permitirle tener la capacidad de defenderse contra las enfermedades. Es librar a los cuerpos de tantas toxinas que los envenenan, para que puedan defenderse como Su Naturaleza se los permite.

Yo por mi parte he tomado la terapia Gerson como mi tabla de salvación, y aunque era a quien más le gustaba la papa frita, el chicharrón y el aguardiente, ahora tomé la decisión de dejarlos, pues prefiero vivir un tiempo más, y decidí colaborarle a mi cuerpo en esta batalla. Llegó la hora de cambiar todas esas tentaciones de la cocina, por una causa más importante que cualquier otra.

Durante mi infancia y mi adolescencia yo diría que fui un buen deportista, en el sentido que podía jugar todo lo que quisiera y esforzarme por hacerlo, es decir, no tenía realmente limitaciones. Ya cuando fui creciendo,  encontré algunas dificultades para desempeñarme bien en nuevos deportes como el golf, pero bueno, eso es más bien por “tronco”, nada que hacer!!

Nunca pensé que algo me fuera a pasar, eso era para los otros, yo parecía tener un derecho ganado con todas las cosas que desempeñaba y ni siquiera las agradecía ni las gozaba, porque claro, son parte de la vida, y punto…. Yo tenía derecho a todo esto y me sentía como un superdotado: jugaba basket, futbol, y lo que mejor sabía hacer era “emparrandarme”. Pensé que nunca me iba a pasar nada y sometí mi cuerpo a varios excesos de alimentación y licor. Ahora estoy tratando de reconciliarme con él. Que gran paciencia me tuvo. Mejor dicho, estoy aplicando el más cómodo de los refranes: “el que peca y reza empata”. -Ojalá logre meter este gol del empate… es lo que más quiero!!-

El pecar, como siempre, es más agradable en el corto plazo, pero es más satisfactorio y duradero para la vida el “rezar”.

Nunca olvidaré lo que cada día reconfirmo más: que “ SOMOS LO QUE COMEMOS”.

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